La caja
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Género: Terror
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Introducción
-"La muerte siempre llega antes de tiempo, todo el mundo lo dice"-exclamó el anciano, mientras limpiaba concienzudamente con un sucio trapo el interior de un extraño frasco de cristal verdoso -"pero tú eres aún muy joven para entender de estas cosas, muchacho."-.
Sus huesos crujieron cuando se estiró para depositar cuidadosamente el pequeño frasco en una atestada repisa, a la cual apenas si llegaba, aún sobre el destartalado taburete de madera de pino. -"La caja llegó esta mañana, cuando estaba abriendo"-hizo una pausa, mientras bajaba cuidadosamente del taburete-" y el señor Wicklet me entregó instrucciones precisas acerca de ella"-.
La caja en cuestión era, como no, un féretro, perteneciente a algún viejo aristócrata que, según los rumores que habías escuchado, decidió marcharse al otro barrio antes de tiempo. -"La han dejado en la parte de atrás, donde los barriles"-dijo el anciano-"y mañana a primera hora vendrán a recogerla, para llevársela a su ciudad natal, o algo así"-.
La campanilla de la puerta sonó con su timbre metálico, y se vislumbró una figura enmarcada por la intensa luz que penetraba del exterior. Un cliente. El viejo volvió tras el ancho mostrador, y mientras atendía al hombre, te señaló una pila de cajas llenas de botellas vacías.
Mientras llevabas las botellas a la parte trasera del almacén, regresaron a tu mente las palabras de tu tio y tutor, Magnus, que, tras la muerte de tus padres, era la única familia que te quedaba.-"Te voy a hacer un hombre de provecho"-decia-"un verdadero hombre de negocios, como yo"- siempre repetía las mismas palabras y, al parecer, para convertirse en un hombre de provecho, para convertirse en un hombre DE NEGOCIOS, había que empezar desde lo más bajo.
Tal vez el trabajo de aprendiz en un decrépito almacén no fuese exactamente lo más bajo, pero lo que hacía que este trabajo fuese especialmente cargante no era el lugar en sí, ni el tener que estar todo el dia llevando cajas de aquí para allá, ni el limpiar un suelo que nunca fue limpio, ni tan siquiera el hecho de que no recibieras ningún tipo de remuneración económica por partirte el lomo durante todos los dias. No. Lo más duro de todo esto era tener que soportar las interminables, repetitivas, insulsas, anticuadas y dolorosamente aburridas charlas con las que te torturaba el viejo todos los dias.
Una vez se marchó el cliente, el viejo reanudó su monólogo.-"Hijo, esta noche te quedarás a cuidar la caja, las órdenes que tenemos son muy claras"-dijo-"no debes perderla de vista ni tan solo un momento, así que harás guardia junto a ella hasta el amanecer, cuando vendrán a recorgerla"-. Una súbita sensación de pánico te invadió cuando asimilaste las palabras del viejo. Vigilar la caja. Toda la noche. Solos, tú y el cadáver.-"El señor Wicklet insistió mucho en esto"-dijo en voz baja, como temiendo ser oído por algun curioso-"no, repito, NO debes abrir la caja bajo ninguna circunstancia, pase lo que pase, ni permitir que nadie la abra"-el anciano se sentó en una mecedora, junto a la pequeña chimenea, y se inclinó sobre el fuego para encender su pipa-". Toma las llaves del almacén, guárdalas bien."-exclamó mientras daba una larga calada.
Durante el resto de la tarde no dejaste de pensar en la maldita caja, y en las extrañas órdenes que había recibido el viejo acerca de la misma. ¿Vigilar un féretro?, ¿por qué demonios debería vigilar un féretro?, acaso temían que el muerto se levantase de su descanso eterno y se diese un paseo por las calles de la ciudad?.
Cuando se ocultó el sol, el viejo se levantó de su mecedora, echó un ultimo vistazo al almacén, y busco su abrigo de piel, dispuesto a llegar a casa antes de que comenzase a llover.
-"No hagas ninguna tonteria, muchacho"-te advirtió el anciano-"ya se que es una estupidez vigilar a un muerto, pero el señor Wicklet me ha pagado muy bien, y no quiero defraudarle"-dijo-"asi que, recuerda lo que hemos hablado antes"-.
El anciano ajusto los botones de su grueso abrigo, y salió a la calle. Comenzaba a llover. Con más dificultades de las normales, el viejo trepo al pescante del viejo carro, y arreo a los caballos, que iniciaron un trote lento y cansino, alejándose de ti hasta perderse tras un recodo.
Cerraste la puerta con una de las llaves del llavero que te había dejado el anciano, y guardaste el llavero en un lugar seguro, para evitar perderlo, cosa bastante comun en ti. La lluvia arreció, y se desató una violenta tormenta, cargada de relámpagos. Al fin solo.
Inicio del juego
El juego comienza tras la introducción. Estas en la pequeña habitación donde han dejado la caja. Es el sótano, y la única salida es una escalera de madera que asciende pegada a la pared. La única fuente de luz proviene de una lámpara de aceite, que llevas contigo.
Desarrollo del juego
Estás vigilando la caja, intentando no caer dormido, cuando te sobresalta el sonido de la campanilla de la puerta. ¿La cerraste con llave?. Subes por la escalera y te diriges a la puerta principal, donde compruebas que la puerta esta correctamente cerrada, y que la campanilla ha dejado de sonar. Vuelves al sotano.
Al poco tiempo, vuelves a escuchar el agudo sonido de la campanilla. Vuelves a subir, y examinas toda la planta, buscando una ventana abierta, causante de la corriente que ha hecho sonar la campanilla. Finalmente encuentras un ventanuco abierto en la parte trasera, junto a las cajas de botellas, y consigues cerrarlo subiéndote a una. Vuelves al sótano. Todo está tal y como lo dejaste.
Pasan las horas, y comienzas a quedarte dormido, sentado en la mecedora. Cada vez te cuesta más y más mantener los ojos abiertos. Cierras los ojos por unos instantes. De repente, un sonido hace que te levantes de una salto de la mecedora, muerto de miedo. Es la campanilla. Vuelve a sonar.
Intentando sobreponerte a la oleada de pánico que te invade, subes lentamente los peldaños de la escalera, y te asomas con cuidado por la puerta. No hay nadie. Nada fuera de lo normal. Te acercas a la puerta principal. Sigue cerrada.
Se te ocurre que tal vez fue tan solo tu imaginación. Tal vez fue un sueño. Si. Seguro que fue eso. Te dormiste y tuviste una pesadilla. Ya más tranquilo vuelves a bajar las escaleras del sótano. Te vuelves a acomodar en la mecedora, y echas un vistazo a la caja.
La caja sigue en el mismo lugar donde estaba antes. Pero algo ha cambiado. Un escalofrío de terror te atenaza y empiezas a temblar de puro pánico. La caja. Está abierta.
Tardas una eternidad en recuperar el control, y aún temblando, coges un largo hierro que el viejo usa como atizador de la lumbre. Un leve sonido proveniente de la parte de arriba te inquieta sobremanera. Es como si arrastrasen algún fardo pesado sobre el piso de madera, con un ritmo lento pero constante.
Subes por la escalera, armado con la barra de hierro, siguiendo el sonido. Parece provenir de la parte de atrás, donde están las cajas de botellas vacías. Si, sin duda vienen de allí, pues ahora oyes el estrépito del cristal al romperse. Te diriges allí. Hay una figura echada sobre las cajas de madera, intentando trepar hasta el ventanuco. La figura, que apenas puedes distinguir en las sombras, se arrastra penosamente sobre los cristales rotos y las cajas de madera que ceden bajo su peso.
Te acercas sigilosamente, ocultándote tras las pilas de cajas y trastos almacenados, y finalmente, en un ataque repentino de coraje, enfocas la luz de la lampara directamente sobre la figura.
La figura era un hombre, totalmente desnudo. Se gira asustado por la repentina luminosidad, y ves su rostro.
Dios Santo.
Gritas. Gritas. Gritas. Gritas sin cesar. La luz te hiere los ojos, y alguien te sacude enérgicamente de un lado al otro.-"Despiértate, escoria!"-te grita, mientras te sacude sin ningún tipo de miramiento-"es hora de tomar el baño, querido!"-dos enfermeros te levantan en vilo y te arrojan a una enorme bañera de metal, llena de agua helada, y gritas enloquecidamente, tratando de zafarte de sus manos, que te agarran y te sumergen una y otra vez.
Poco a poco recuperas la calma y la lucidez. Reconoces el lugar donde estás. Conoces a los hombres que te sujetan con firmeza mientras te vuelven a poner la camisa de fuerza. Esto es la sala de aseo. Estas de nuevo en casa. Has vuelto a Staunton Hills. El hospital psiquiátrico.
FIN
Acciones del jugador
Ahora viene la secuencia mínima de acciones para acabar el juego.
SUBIR, OESTE, EX PUERTA, ESTE, BAJAR, [...], SUBIR, OESTE, EX PUERTA, ESTE, ESTE, SUR, EX VENTANUCO, SUBIR A LA CAJA, CERRAR VENTANUCO, NORTE, OESTE, BAJAR, [...], SIENTATE, [...], SUBIR, OESTE, EX PUERTA, ESTE, BAJAR, SIENTATE, EX CAJA, LEVANTATE, COGE ATIZADOR, SUBIR, ESCUCHAR, ESTE, ESCUCHAR, SUR, EX FIGURA.
Cosas que puede intentar el jugador:
- Escapar de allí. La puerta principal esta cerrada con llave, pero no logras recordar donde dejaste el llavero. Si intentas romper la puerta, no lo consigues, ni siquiera con el atizador.
- Abrir la caja antes de tiempo. Al parecer tiene una cerradura. Que extraño, un ataud con cerradura. Evitar que la caja se abra. Puedes intentar sentarte encima, pero te duermes y te caes de morros.
- Matar al muerto. Pasa lo mismo que si lo examinas. Escapar por el ventanuco. Te quedas atrapado. El cadaver esta tras de ti, te coge una pierna, te muerde. Logras salir, y corres enloquecido por la calle.
- No hacer nada. Finalmente te duermes. Despiertas en el manicomio.
Nota
Esta aventura podria dar pie con relativa facilidad a una continuación, esta vez ubicada en el manicomio y en basada en los extraños sucesos que allí acontecen...
NOTA DEL AUTOR: Este guión está ahora a disposicion de aquellos aventureros interesados en convertirlo en una aventura. Lo único que pido es que si finalmente os decidís a usarlo, indiquéis claramente en los créditos de la aventura la procedencia de la idea original. ¿Cómo?, ¿que tu aventura no tendrá créditos?... mal vamos... :-)
Vicente Tarín

